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La teoría del mono borracho


Anteriormente ya habíamos hablado acerca de la importancia de la cerveza como el primer método de purificación del agua. También se hizo una pequeña mención de cómo la tecnología cervecera ayudó a impulsar la agricultura y a su vez otras artes humanas.


Hoy profundizaré un poco esta hipótesis, también nombrada la teoría de mono borracho.


Por cómica o inverosímil que suene esta hipótesis, lo realmente asombroso es lo probable que ésta puede ser, partiendo del hecho de que la agricultura es un avance de enorme impacto en el progreso de las primeras civilizaciones y al mismo tiempo requiere de mucho conocimiento previo y una observación exhaustiva del proceso de germinación y cultivo que por lo menos requirió muchos años, quizás miles, para poder llegar a la conclusión de que las semillas daban lugar a nuevas plantas.


En un mundo tan hostil para el humano primitivo, en el que éste se ocupaba más en sobrevivir que en contemplar el crecimiento de las plantas, es muy probable que este fenómeno pasara totalmente desapercibido por mucho tiempo, a menos que este tiempo transcurriera aparentemente más rápido... ¿Pero cómo ocurriría esto?


Supongamos que nos encontramos en una época en el que la recolección de frutos y granos complementaba las actividades de cacería de las grandes especies del período terciario (la primera mitad del cenozoico) y que en alguna desafortunada, aunque frecuente ocasión, el grano y las frutas recolectadas sufrieran una fermentación espontánea debido a la humedad, altas temperaturas y almacenamiento precario.


Naturalmente estos alimentos pasarían a un estado de "descomposición", sin embargo, aquí hay una decisión crucial para el humano primitivo: alimentarse de ese grano fermentado o desecharlo después de haberlo recolectado durante semanas y perder todo ese trabajo y tiempo. Imaginemos que en un acto atrevido, las tribus eligieran ingerirlas aún corriendo el riesgo de enfermedad, intoxicación o muerte.



En consecuencia algunos individuos no podrían tolerar el alcohol contenido en esos frutos, sometiéndose a un proceso de selección natural, dando una mayor oportunidad de reproducción sólo a aquellos capaces de sintetizar la enzima alcohol-deshidrogenasa en mayor cantidad.


Esto explicaría nuestro gusto e incluso preferencia por las frutas fermentadas y en consecuencia por las bebidas alcohólicas.


Pero existe otro escenario a considerar: para que los granos fermenten, a diferencia de las frutas, éstos necesitan pasar por un "malteado", es decir una simplificación de sus azúcares complejas a azúcares más fáciles de fermentar por las levaduras alcohólicas. Para que esto ocurra, la semilla hace uso de sus enzimas amilasas en un medio acuoso, y en la antigüedad esto ocurriría sólo si los depósitos de grano fueran remojados accidental o intencionalmente.


Aquí entraría en juego el efecto psicotrópico del alcohol, que nos hace percibir la realidad de una manera diferente, incluyendo el tiempo.


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Sabemos que desde que el inicio de la civilización, el humano se distingue por llevar a cabo ceremonias rituales por temor o fascinación a los fenómenos que no comprende, uno de ellos sería el crecimiento de las plantas, mientras que otro, bien podría ser la embriaguez.


¿Qué ocurriría entonces si el humano primitivo descubriera que remojar el grano tuviera como consecuencia ambos fenómenos?


Si dentro o cerca de los graneros se acostumbrara la transformación de las semillas en algún tipo de cerveza, es muy probable que algunos granos fueran tirados alrededor, siendo pisados y enterrados y, eventualmente, descubriendo la germinación de plantas en ese sitio. Esto fácilmente podría dar lugar a la conclusión elemental de relacionar el crecimiento de nuevas plantas con la fermentación y que las deidades veneradas compartieran lugar o incluso identidad en su panteón, junto con sus rituales, que muy seguramente incluían el consumo de bebidas alcohólicas, así como ofrendas y convites, tal como se ocupa en la actualidad.



Un ejemplo muy claro es Ceres, la diosa romana de la agricultura y del cual la cerveza o cerevisia obtiene su nombre, el cual significa literalmente "la vitalidad de Ceres".


Todos estos datos podrían establecer como hipótesis que la fermentación podría ser un conocimiento aún más antiguo que la agricultura misma y que ésta, a su vez, fortaleciera a las comunidades sedentarias impulsando su ciencia y tecnología junto con su cosmovisión.


Probablemente es a la cerveza a quien le debemos la civilización tal como la conocemos...

 
 
 

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